¿Alguna vez has soñado con pasear por el espacio como un héroe de ciencia ficción, saltando de estrella en estrella… sin siquiera un casco? ¡Cuidado! Dejar el traje en casa podría convertir tu sueño en una pesadilla espacial. Ahora veremos, sin pelos en la lengua (ni en gravedad), qué le ocurre realmente al cuerpo humano si se aventura sin protección en el cosmos.
La importancia del traje: más allá de una moda astronauta
No es casualidad que, cada vez que vemos imágenes de astronautas flotando fuera de la Estación Espacial Internacional, parezcan llevar puesto el abrigo más voluminoso y ajustado del universo. Como Romuald Amougou preguntó alguna vez en las redes: “¿Sin traje, qué nos puede pasar en el espacio?” Y vaya que es para pensarlo bien. Sin ese traje, el destino sería mucho menos glamuroso… y tremendamente breve.
Los astronautas, al realizar una salida extravehicular, deben ponerse de la cabeza a los pies un atuendo milimétricamente diseñado para protegerlos de los numerosos peligros del vacío. ¿Por qué tanto esmero? Porque el espacio es bello, sí, pero letal sin compasión para quien no respeta sus reglas.
El primer encuentro: un paseo por la historia (y por el vacío)
La historia lo dejó claro el 18 de marzo de 1965, cuando el cosmonauta soviético Alexei Leonov se aventuró fuera de la nave Voskhod 2, conectado solo por un cable. “Lo que más me impactó fue el silencio, tan profundo que podía oír mi propio cuerpo. El cielo era negro, pero brillaba con la luz del Sol… La Tierra se veía pequeña y solitaria”. Una experiencia tan poética como peligrosa.
Su escafandra “flexible” casi lo manda directo a la posteridad: al salir, el traje se infló por la diferencia de presión con el vacío. Se hinchó tanto que perdió total movilidad, golpeándose contra la nave y quedando las manos y los pies fuera de lugar. Para salvarse, Leonov tuvo que arriesgarlo todo y despresurizar parte del traje, logrando así colarse —de cabeza— de vuelta al módulo. Una experiencia límite de 12 minutos y 9 segundos que sirve de recordatorio: el vacío espacial no perdona errores de vestuario.
El vacío y sus muchos problemas: ni aire, ni gravedad, ni… ¡explosiones sonoras!
¿Qué espera a quien decide prescindir de tan elegante atuendo? Primero, la ausencia total de atmósfera, lo que nos deja sin aire ni presión alguna. En la ISS los astronautas ya sienten la ingravidez, pero fuera, la cosa es más extrema. El equilibrio perfecto de aceleraciones igualando la gravedad desaparece, y hasta moverse puede costar el doble. Fuera del traje, la escena no es precisamente de película: el vacío es irrespirable, y ni siquiera podrías oír una explosión estilo Star Wars; el sonido no se propaga ya que necesita un medio material… ¡y el espacio es, bueno, vacío!
Pero el mayor peligro es la despresurización. Nuestros fluidos corporales circulan a presión atmosférica y una calidez de 37°C. Al exponer el cuerpo a presión casi nula, el punto de ebullición de los fluidos baja drásticamente por debajo de la temperatura corporal: la sangre y otros líquidos empiezan a hervir —literalmente. Este fenómeno mortal, conocido como “ebulismo”, mata en pocos segundos. Por ello, es vital mantener al menos 0,3 bar de presión alrededor del cuerpo. Una chaqueta cualquiera no basta.
Temperaturas extremas y radiación: otra razón más para tu traje
El espacio no entiende de medias tintas: la temperatura une extremos en un mismo lugar, con -150°C en sombra y +150°C bajo el Sol. Son 300 grados de diferencia entre la espalda y la cara. El traje protege contra estos cambios brutales, da aire respirable, estabiliza la temperatura y también es un escudo contra la radiación cósmica. No olvides que las partículas altamente energéticas (protones, núcleos de helio y hasta otros más pesados) viajan desde el Sol o el mismísimo espacio intergaláctico y aún desconocemos por completo sus efectos en nuestro sistema nervioso o el ADN. ¿Quién quiere arriesgarse?
- Protección térmica
- Aire para respirar
- Barrera contra la luz solar y radiaciones
- Presurización vital
Las escafandras han sido estudiadas hasta el mínimo detalle para proteger frente a cada hostilidad del vacío. Pero ni así estamos exentos de sorpresas: que lo diga Luca Parmitano, quien en 2013 vio cómo su casco se llenaba poco a poco de agua debido a una fuga en el sistema de refrigeración. Por eso, cada salida espacial requiere una preparación exhaustiva y la posibilidad siempre presente… de un regreso urgente y precipitadamente elegante al interior de la ISS.
Moraleja espacial: si algún día te invitan a una caminata fuera de la nave, lleva siempre tu escafandra. ¡No es cuestión de moda, es cuestión de segundos de vida! Y, sobre todo, talla exacta: en el espacio no hay probador ni segunda oportunidad.