Esto le pasa a tu cerebro cuando ves series sin parar: lo que nadie cuenta
Te suena la escena: llegas a casa después de un día maratónico de trabajo, te lanzas en el sofá y le das play a esa serie de la que todos hablan. De pronto, parpadeas y ya es medianoche, has visto media temporada… y te tienta quedarte una horita más viendo otro episodio, aunque mañana vayas a trabajar con cara de zombie. No te preocupes: nos pasa hasta a los mejores. ¡Y la culpa no es toda tuya!
¿Por qué es tan fácil engancharse?
Las plataformas de streaming como Netflix y Hulu han puesto a nuestro alcance cientos de series, listas para devorar en un solo fin de semana. Todo por menos de lo que te gastas en café en una semana. ¿Milagro moderno o trampa mortal? Un poco de ambas, pero vamos por partes.
Según la Bureau of Labor Statistics de EE.UU., el estadounidense promedio pasa unas 2,7 horas al día viendo televisión. ¿Mucho? Pues son casi 20 horas a la semana — ¡casi una jornada laboral alterna! Y si hablamos de “atracones”, una encuesta de Netflix reveló que el 61% de sus usuarios ven entre 2 y 6 episodios seguidos de una serie, con muchas personas acabando la temporada completa en una semana, sobre todo si es de ciencia ficción, terror o thriller.
Evidentemente, nadie lo haría si no resultara placentero. De hecho, el 73% de los encuestados por Netflix reportó sensaciones positivas asociadas con el maratón de series. Sin embargo, si alguna vez te has sentido extenuado —o incluso triste— cuando se te acaban los episodios, no eres tú: es tu cerebro.
La ciencia detrás del placer (y del bajón)
La psicóloga clínica Dra. Renee Carr lo explica clarito: cuando haces algo placentero como ver series, tu cerebro libera dopamina, la hormona del placer. Cada episodio es como una pequeña dosis de recompensa, reforzando tus ganas de seguir viéndolo. Sí, igualito que pasa con ciertas adicciones. Como dice la Dra. Carr, los circuitos neuronales implicados en la adicción a la heroína, el sexo o las maratones de series son sorprendentemente similares. Tu cuerpo no discrimina entre placeres y puede volverse adicto a cualquier cosa que le dé dopamina de forma constante.
Pero esto no es todo. La Dra. Gayani DeSilva explica que nuestro cerebro codifica las experiencias de la televisión como recuerdos reales. Por eso, nos encariñamos con los personajes y nos importan sus conflictos. Hay varias razones por las que nos sentimos tan conectados:
- Identificación: cuando nos vemos reflejados en un personaje (como en “Modern Family” donde hay un abanico de perfiles).
- Identificación aspiracional: cuando una trama representa la vida que deseamos, el glamour de “Gossip Girl” o el éxito en “America’s Next Top Model”.
- Interacción parasocial: sentir una relación unidireccional de cercanía con un personaje o actor.
- Similitud percibida: cuando sus experiencias nos resultan familiares y nos reafirmamos viéndolas.
Si alguna vez pensaste que tu personaje favorito podría ser tu amigo, ¡es este fenómeno en acción!
Los beneficios (y riesgos) de perderse en la pantalla
Ver series sin parar no solo es un placer culpable: también puede ser una válvula de escape del estrés diario. El psicólogo John Mayer señala que los maratones de series pueden funcionar como una especie de puerta de acero contra las preocupaciones cotidianas. Nos ayudan a desconectar y a crear una frontera temporal donde los problemas se quedan fuera.
Además, compartir tu última obsesión de Netflix puede ser una llave para fortalecer relaciones: da temas de conversación y crea sentido de comunidad, según la Dra. Ariane Machin. Así que la próxima vez que debatas el final de “This Is Us”, ¡estás tejiendo lazos sociales!
Incluso puede impactar de forma positiva si el personaje que admiras es un modelo a seguir virtual, o si la serie te inspira a afrontar dificultades o explorar una vocación profesional. Recordar cómo tu personaje favorito resolvió una crisis puede darte nuevas ideas para tu propia vida.
Peeeero… hay una cara B. Al terminar una serie, muchos experimentan una especie de luto emocional o bajón: la llamada “depresión situacional” por el vacío que deja la serie, según Mayer. Y ojo: un estudio de la Universidad de Toledo observó que quienes se autodenominan grandes consumidores de series tienen más niveles de estrés, ansiedad y depresión que quienes no lo son… sobre todo si ven las series solos, lo que puede favorecer el aislamiento social.
La psicóloga Judy Rosenberg alerta: si sustituyes las relaciones humanas por la pantalla, puedes llegar a “morirte de hambre emocionalmente”. Nada nutre como la vida real, por más difícil que parezca.
Guía rápida para maratonear sin arruinarte la vida
- Pon límites: fija el tiempo o el número de episodios antes de empezar (y si cuesta parar a mitad de un capítulo, detente a la mitad: suele ser suficiente para cerrar ciclo).
- Busca equilibrio: combina el tiempo de pantalla con salidas, actividad física o encuentros con amigos para diversificar tu fuente de placer y reducir el riesgo de adicción.
- Escucha tu cuerpo y mente: si notas que dejas de ver a tu familia o a tus amigos por quedarte en casa viendo series, ¡es hora de levantar la cabeza (y el mando) y salir al mundo real!
Así que la próxima vez que te seduzca la tentación de un maratón, recuerda: un poco de autocontrol y equilibrio pueden convertir el placer culpable en un hábito sano… ¡y hasta inspirador!