El agua, un día vital y esencial
El Día Mundial del Agua se celebra anualmente el 22 de marzo para destacar la importancia del agua dulce y abogar por la gestión sostenible de los recursos de agua dulce.
Por Valeria Elías
El agua es un recurso vital para la vida, ya que es fundamental para el desarrollo de la sociedad, la salud, la agricultura, la industria y los ecosistemas. Por este motivo se ha vuelto invaluable en los últimos tiempos. Es una oportunidad para reflexionar sobre la necesidad de adoptar prácticas responsables de gestión del agua y para promover la conciencia sobre los problemas relacionados con su acceso y uso equitativo en todo el mundo.
El agua es nuestro recurso más preciado, un “oro azul” al que más de 2.000 millones de personas no tienen acceso. No solo es esencial para la supervivencia, sino que también desempeña un papel sanitario, social y cultural en el seno de las sociedades humanas. Es primordial tomar conciencia de esto y no permitir que intereses ajenos al bienestar social se apoderen de este recurso.
El agua es una sustancia que se compone por dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno (H2O) y se puede encontrar en estado sólido (hielo), gaseoso (vapor) y líquido (agua). Las propiedades físicas y químicas del agua son muy importantes para la supervivencia de los ecosistemas.
Para reflexionar, compartimos dos frases: “Miles de personas han vivido sin amor, y ni una sola sin agua”. H. Auden
“El agua es la materia y la matriz de la vida, la madre y el medio. No hay vida sin agua”. Albert Szent-Gyorgyi, MD, descubridor de la vitamina C.
Dra Ing Marta Paris, Decana de la Facultad de ingeniería y ciencias hídricas UNL, conversó con RTS Medios sobre la importancia del agua y cómo se vincula Santa Fe con ella.
Sobre la vinculación de los ríos con el territorio la Decana explicó “los ríos han sido (y siguen siendo) a lo largo de la historia de la humanidad, medio de comunicación, transporte, además de fuente de agua para el abastecimiento, subsistencia y desarrollo de la población. En el caso de los ríos Paraná y Salado, en aquella época del traslado desde Cayastá, una estrategia de protección contra el ataque de los pueblos originarios. Las regiones litoral y Mesopotamia de nuestro país son las más ricas en recursos hídricos. La cuenca del río de la Plata -con sus importantes ríos tributarios Paraná, Uruguay, Paraguay, Salado, Bermejo, Pilcomayo; el acuífero puelche -que se extiende en gran parte de la región y abastece a importantes localidades y aporta el insumo básico para muchas actividades productivas, del mismo modo que el acuífero alojado en los sedimentos pampeanos, aunque con menor rendimiento y calidad. A pesar de ello, podríamos decir que no todo lo que reluce es oro. Pues aún dentro de nuestra provincia de Santa Fe, la disponibilidad de agua para consumo (doméstico, agrícola e industrial) no es uniforme. Un amplio sector del oeste y norte del territorio provincial no cuenta con agua de calidad y cantidad adecuada. Pues no toda el agua, es un recurso. De ahí la importancia en valorar al agua, en reconocerla como un elemento finito y vulnerable a nuestras propias acciones”.
Al respecto, le consultamos sobre la importancia del agua en la vida de la sociedad, y esto nos decía “para responder este interrogante, podríamos hacer el simple ejercicio de pensar una palabra, tan solo una, para decir qué es el agua para nosotros. Les aseguro y porque he practicado esto con muchas personas y en muchos ámbitos, que la mayoría dice ‘vida’.
Claro, es que el agua es vida. Sin agua no hay vida. El agua es fundamental para la vida de los seres vivos -entre ellos los humanos y también los ecosistemas que además brindan lo que llamamos servicios ambientales para el sostén del equilibrio dinámico del ciclo del agua en el planeta. Pero también el agua es insumo de todas las actividades productivas por ello clave para el desarrollo económico de cualquier comunidad. Durante mucho tiempo se ha hablado sobre el nexo agua-energía-alimentación como un enfoque integrador que analiza y gestiona las interrelaciones entre estos sectores. Se necesita agua y energía para proveer de alimentación a la población (a través de la producción primaria en agricultura, ganadería, cría de animales, etc., y lógicamente en la industria), pero también se necesita energía para obtener agua (para captarla, conducirla, tratarla) y también se necesita agua para producir energía”.
“También de un tiempo a esta parte, se ha comenzado a hablar de huella hídrica, huella de agua, agua virtual, todos conceptos que refieren a la cantidad de agua que requiere un producto o se involucra en su producción, transporte, comercialización, etc. ¿Acaso pensamos que por ejemplo el turismo tiene su huella hídrica, qué cada uno de nosotros genera una huella hídrica cada día de nuestras vidas con cada una de nuestras acciones? Hoy sabemos que hay regiones y países que son exportadoras de agua virtual y otras que son importadoras. Es decir, hay un movimiento de agua contenida en productos, bienes, servicios, que es parte del nuevo ciclo del agua que tenemos que comenzar a aprender. Ya no como ese simple cambio de estado de líquido a vapor o a sólido, o en los ríos, nieves, glaciares, mares, nubes, acuíferos (que lo hace dinámico), sino más bien como un sistema socio-eco-hidrológico dinámico. Pues es indiscutible que la presencia de la especie humana (de ahí el término socio) ha introducido y sigue introduciendo cambios, modificaciones, alteraciones en el agua (hidro) y en los ecosistemas (eco) y todo ello conduce a diferentes reacciones o respuestas, que deben ser analizadas y gestionadas pensando de manera integral, sistémica (de ahí que lo llamemos sistema)”, concluyó la explicación.
Otra de las consultas, tiene que ver con el cambio del comportamiento de los ríos. Para esto, la entrevistada dijo “agregando información a lo que mencioné anteriormente, debemos pensar que ese sencillo ciclo del agua que todos aprendimos en la escuela (el agua que se evapora desde el mar por acción del calor del sol, que se mueve por los vientos y rotación de la tierra hacia los continentes, formando por condensación las nubes que, saturadas de humedad precipitan agua o nieve y forman los ríos, arroyos al escurrir y/o alimentan los acuíferos al infiltrarse y que luego tanto esa agua que escurre superficial o subterráneamente descarga nuevamente en los océanos, para comenzar el ciclo), sucede en una escala de tiempo que suele ser mucho más grande que la vida del ser humano.
Entonces en estos tiempos a gran escala, hay variaciones que se manifiestan en cambios en los patrones de comportamiento de los ríos, las precipitaciones, la profundidad del agua en los acuíferos, etc. Es decir, hay una variabilidad que es natural, con lo cual hay épocas del año en las que son más lluviosas que otras, la altura en los ríos es mayor que en otras, etc. Incluso hay patrones interanuales que nos permiten hablar de años de excesos o de déficit hídrico. En la actualidad además conocemos el efecto que producen los cambios en la temperatura de los océanos en el resto del ciclo del agua. Pero claro está que el ser humano ha ido alterando la velocidad de la rueda del ciclo del agua, por ejemplo, haciendo extracciones incontroladas de agua subterránea que no tienen en cuenta la tasa de reposición del agua en el acuífero, contaminando ríos, lagos, océanos y acuíferos, o incluso haciendo obras de regulación en los cursos de agua, sin considerar por ejemplo el caudal ambiental que debe mantenerse en los mismos”.
Sobre el agua
Para tener un agua sana y saludable, cuáles serían las recomendaciones, entonces, respondió “para responder esta pregunta, voy a posicionarme bajo el enfoque de la seguridad hídrica. Si bien hay muchas definiciones para este concepto, e incluso también hoy día escuchamos hablar de seguridad alimentaria, seguridad energética, entre otros, voy a tomar la propuesta de UNESCO (2012): ‘la capacidad de una población para salvaguardar el acceso a cantidades adecuadas de agua de una calidad aceptable para mantener la salud humana y del ecosistema en el contexto de una cuenca hidrográfica, y para garantizar una protección eficaz de la vida y la prosperidad contra los peligros relacionados con el agua, como inundaciones, deslizamientos de tierra, hundimiento de tierras y sequías’.
Quiero destacar algunas cuestiones de este concepto de seguridad hídrica, que entiendo son fundamentales. Resaltar que la seguridad hídrica es una característica multidimensional de una comunidad. Lo cual, dentro de este enfoque integral, holístico nos motiva a trasladar objetivos y metas globales a un ámbito más local, donde los retos y los desafíos son tangibles, visibles. Este efecto de “localía” no es menor, pues supone que no sólo el propio concepto debe adaptarse a cada situación, sino que para que realmente tenga razón de ser, debe haber una adopción de su significado. En términos de adaptación, parece fácil explicar que, por ejemplo, las dimensiones de la seguridad hídrica en la ciudad de Santa Fe -donde las inundaciones por desborde de río o lluvias intensas son recurrentes-, pero no serán las mismas para la ciudad de Tostado donde el problema de la escasez o la calidad de agua es el determinante. Tampoco serán las mismas en una ciudad en donde el abastecimiento de agua potable se realiza con un esquema tarifario que garantiza la sostenibilidad del servicio, que en otra donde no se cuenta con instrumentos legales y económicos acordes”.
Luego, continuó “a diferencia de la resiliencia, otro concepto ya instalado, la seguridad hídrica muestra cómo una comunidad está preparada para superar situaciones adversas. Más aún, bajo el enfoque de la seguridad hídrica se da lugar a un proceso de permanente de mejora. Así como el riesgo cero no existe, en el extremo contrario, la seguridad 100% tampoco y debemos asumirlo como un proceso permanente de mejora. Nunca llegaremos al 100% por la simple razón que como dijimos antes la naturaleza es cambiante, sujeta incluso al cambio y variabilidad climática, con lo cual las amenazas son cambiantes y también el entramado social es cambiante. Con lo cual todo el sistema es dinámico. Aun cuando esté en equilibrio este será dinámico y siempre estaremos persiguiendo la mejora de esta condición multidimensional. Ese es el reto, encarar acciones locales para lograr desafíos globales. Dentro de esas acciones locales, que considero claves, está la de medir, monitorear y observar los sistemas hídricos. Las redes de medición y monitoreo son una estrategia ineludible para poder conocer con propiedad qué es lo que ocurrió, ocurre y puede ocurrir con los ríos, los acuíferos, las precipitaciones. Conocida y obvia es la frase de que no se puede gestionar lo que no se conoce. Pero no es tan obvio que hay que saber qué medir, dónde, cuándo, con qué, quiénes, qué observar, cómo analizarlo, etc. Para ello se necesitan recursos. Los económicos que permite materializar estas mediciones, con instrumentos, recorridas de campo, entre otros, pero fundamentalmente con recursos humanos capacitados para diseñar estas redes de monitoreo, para interpretar los datos que se obtienen y generar información para poder tomar decisiones que conduzca a la seguridad hídrica y garantizar la sostenibilidad del agua como recurso”.
Para ir finalizando, destacó “cerca del 70 % del agua dulce en la Tierra se encuentra en forma de nieve o hielo. Esto significa que los glaciares constituyen una de las principales reservas de agua del planeta y participan en la regulación de la temperatura y del clima global. Por ello es fundamental reconocer su valor ambiental y su vulnerabilidad ante ante ante nuestras acciones, que tarde o temprano repercuten en su preservación”.
Para cerrar la entrevista nos comparte esta información “este año, la celebración del Día Mundial del Agua nos invita a reflexionar sobre la seguridad hídrica y la capacidad de encarar acciones locales para alcanzar desafíos globales. La retracción acelerada de los glaciares se debe principalmente al calentamiento global. Por lo tanto, toda acción que apunte a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, por más simple o cotidiana que parezca -incluso lejana geográficamente en ciertos casos-, será de gran ayuda para conservarlos y contribuir a una gestión sostenible de los recursos hídricos.
En el marco de los días Mundial (22 de marzo) y Nacional del Agua (31 de marzo), la FICH organiza el XV Concurso de fotografía «El agua en imágenes», junto al diario El Litoral y con el auspicio de Aguas Santafesinas SA y de Marcelo López Pinturas.
Es abierto al público en general, sin límite de edad, y forma parte de las actividades que promueve la Cátedra UNESCO «Agua y Educación para el Desarrollo Sostenible», con sede en la FICH, y la Secretaría de Extensión y Cultura de la UNL.
El tema de este año es «Conservación de los glaciares». Se otorgarán un primer premio y tres menciones especiales: «Las mujeres y el agua», «Comunidad FICH» y «La FICH va a la escuela», y otras menciones. También se destacarán fotografías para integrar una muestra por edición.
Cada autor podrá enviar hasta el 5 de mayo de 2025 un máximo de tres fotografías.
Bases del concurso en fich.unl.edu.ar/concurso-fotografia”.